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La incógnita de Elon Musk: ¿quién es el hombre que quiere salvar al mundo?

El carismático magnate tecnológico cree que la humanidad podría desaparecer. Sus ambiciosos proyectos tecnológicos podrían evitarlo.

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El fundador de la compañía de automóviles eléctricos TeslaElon Musk, está convencido de que la humanidad está en peligro. Lector compulsivo de novelas y comics de ciencia ficción desde que era niño, cree que la continuidad de la especie humana en el planeta Tierra puede verse amenazada. A los grandes riesgos del colapso energético y el desastre medioambiental, añade otro que considera igual de temible: el desarrollo de inteligencia artificial, que le parece irresponsable y potencialmente dañino, por empresas que controlan el flujo masivo de datos como Google. Así lo revelaba Ashlee Vance, autor de una exitosa biografía de más de cuatrocientas páginas del personaje: “Elon Musk: Tesla, Space X y la búsqueda de un futuro fantástico

 

Estamos acostumbrados a que la espectacularidad de las iniciativas de Musk generen continuamente noticias y rumores de todo tipo en los que suelen abundar algunos tópicos recurrentes: “genio”, “visionario”, “carismático”, “extravagante”… Se le ha comparado con Steve Jobs, con Thomas Edison o con Henry Ford. Los creadores de Iron Man confiesan haberse inspirado en él para la creación del personaje que interpreta Robert Downey Junior. Y hasta podría pensarse que el idealista Capitán Nemo de Julio Verne, que surcaba los océanos a bordo del Nautilus, un submarino de propulsión eléctrica, anticipaba su figura.

Nacido en Sudáfrica en 1971, donde pasó su infancia y primera juventud, posee doble nacionalidad, canadiense y estadounidense. Es californiano de adopción y, probablemente, uno de los magnates más singulares de Silicon Valley. Posee, como todos ellos, una pasión desmedida por el trabajo que se torna en pura aversión al tiempo libre: “He aprendido la lección, irse de vacaciones puede matarte” declaró, el año 2000, tras un viaje de placer a Brasil en el que contrajo la malaria. Una autoexigencia que le ha granjeado fama de severidad y dureza en la forma de dirigir sus compañías. Su biógrafo, el mencionado Ashlee Vance, ha señalado como “No le interesa la vida de sus empleados, ni sus emociones, pero sí el futuro de la humanidad. Tiene problemas de inteligencia emocional. Su interacción con las personas es muy limitada, pero se le saltaban las lágrimas cuando hablábamos de lo que le estaba ocurriendo a la humanidad”

Cuando el año 2015, en unas declaraciones se jactaba de esta forma de trabajo, demostraba, además, que la modestia y la humildad no están entre sus virtudes: “Apple ha contratado mucha gente que nosotros hemos despedido. Apple es el cementerio de Tesla. Si no lo logras en Tesla, vete a trabajar a Apple. Y no estoy bromeando.” La misma arrogancia de la que ha dado muestras recientemente, cuando ha sido condenado por las autoridades estadounidenses a pagar a veinte millones de dólares y obligado a dejar la presidencia de la compañía Tesla por un tuit que rompía las reglas del mercado bursátil. Preguntado por si estaba satisfecho con el precio pagado por un puñado de “likes”, “Mereció la pena”, ha contestado con petulancia.

Aquí podemos ver uno de los modelos Tesla (Mike Blake/FiPhoto)

Le gusta la fama y el estilo de vida de las celebridades de Los Ángeles, donde se codea con estrellas del mundo del cine y la música. Se prodiga en los medios de comunicación, usa Twitter con desparpajo y son frecuentes sus cameos en películas y series de televisión. En una de sus apariciones en Los Simpson, Lisa bromeaba señalando la paradoja de que el mismo hombre que se empeña en fabricar coches energéticamente limpios, construya también cohetes que requieren enormes cantidades de combustibles fósiles altamente contaminantes.

 

Musk, no tuvo entonces empacho en contestar al dibujo animado afirmando que crear cohetes eléctricos es imposible debido a la tercera ley de Newton, recordándonos, de paso, que es físico de formación.

Dejando a un lado su peculiar vida familiar —tiene 5 hijos, se ha divorciado tres veces y casado dos con la misma mujer— lo que le diferencia de otros grandes magnates tecnológicos es el hecho de que amasar una inmensa fortuna no constituye un fin es sí mismo para él, sino sólo un medio con el que financiar su verdadera ambición: salvar al mundo de la catástrofe. Para ello cuenta con un Plan A: búsqueda de energías y formas de transporte limpias con las que revertir el cambio climático (Tesla, Hyperloop, SolarCity) y un Plan B: la conquista del espacio y la creación de colonias humanas en Marte (SpaceX). De momento, es el Plan A el que parece estar más avanzado y ser más viable. Sin embargo, a pesar de las enormes dificultades, su principal objetivo, su verdadera obsesión es colonizar el planeta rojo como primer paso para convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria.

Fue esta obsesión la que le animó el año 2001 a viajar a Moscú dispuesto a comprar un cohete a quien quisiera vendérselo. Las empresas de ingeniería rusas con las que contactó no lo tomaron en serio y lo mandaron de vuelta a casa. “Incluso en una reunión, el jefe de diseño de los cohetes nos escupió en los zapatos”, cuenta Jim Cantrell, ingeniero mecánico experto en naves aeroespaciales, que le acompañaba. Musk no se detuvo ante esta negativa y, durante el viaje de regreso a los Estados Unidos, comenzó a dar forma a SpaceX, su propia compañía de transporte aeroespacial que, pocos años después, lograría firmar un acuerdo comercial con la NASA y enviar un cohete a la Estación Espacial Internacional. Los que le conocen resumen así sus cualidades para el éxito: voluntad de hierro, gran inteligencia y falta de miedo al fracaso.

Sus críticos añaden a estas virtudes la megalomanía, la soberbia y la falta de modestia. En este sentido, el más sonado de sus tropiezos fue su plan de rescate de los doce niños atrapados en una cueva en Tailandia. Conmovido por su dramática situación, puso en marcha su propio plan de rescate con la construcción de un minisubmarino. Cuando el jefe de la operación declaró que aquel aparato era completamente inútil sobre el terreno, Musk reaccionó airadamente. El éxito final de la misión, basado en una forma de trabajo humilde, sosegada y minuciosa, puso en evidencia que los recursos ilimitados y las respuestas espectaculares, no siempre son adecuadas.

Tal vez, aquellos que le acusan de megalómano no estén del todo desencaminados. Sus imaginativas, y costosas, soluciones a los problemas de la humanidad contrastan con las sencillas y sensatas ideas del profesor Alan Weisman que lleva años explicando, a quien quiera oírle, que todos los problemas medioambientales y energéticos, así como los distintos conflictos armados que estos provocan, están estrechamente relacionados con la superpoblación y la natalidad desbocada que genera la falta de educación y recursos en los países subdesarrollados.

Probablemente, al igual que ocurrió con otros visionarios tecnológicos como Steve Jobs, las espectaculares iniciativas empresariales del creador de Tesla terminarán por cambiar la forma en la que vivimos. Decía el poeta Miguel de Unamuno que, una vez resueltos todos los problemas sociales de la humanidad, surgiría la pregunta de si vivir vale realmente la pena. Elon Musk, que ha declarado que le gustaría morir en Marte, está empeñado solucionar la primera cuestión; para la otra, parece que aún no tiene respuesta.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/tecnologia/actualidad/20181107/452762673137/tesla-steve-jobs-elon-musk-humanidad-conspiracion.html