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Combinado Argentino de Danza, el arte de la inclusión

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El combinado argentino de danza (CAD) es una compañía independiente que hoy cuenta con 12 bailarines formados en disciplinas muy distintas. Artistas de hip hop, danza contemporánea y folclore llevan adelante un proceso de constante creación, formación y difusión. El colectivo también está integrado por músicos, escenógrafos, video-artistas, un iluminador, el DJ Villa Diamante y un manager y productor. Todos son dirigidos por Andrea Servera.

“Arrancó hace ya 6 años, es algo que alguna vez imaginé y de pronto estaba sucediendo. Un grupo grande en Argentina es muy complicado de sostener, pero con mucho esfuerzo lo hemos logrado. Comenzó en el primer MICA (Mercado de Industrias Creativas), armé unas coreografías para un desfile de indumentaria, el tema era la patria, y trabajé mezclando el hip hop con el folclore y la cumbia, pensando en elementos que compusieran la concepción actual de patria: mixta, mestiza, impura. Luego Tecnópolis fue el espacio que amparó esta idea, así nació el CAD”, cuenta Servera. “Es un proyecto de trabajo que está en constante cambio, que cree en la danza como territorio poético y de transformación. Nuestra labor es llevar la danza a todas partes, trabajar y resistir desde el movimiento.”

Servera tiene una carrera extensa como coreógrafa y bailarina. Siempre orientó su trabajo a la asistencia social. Trabajó junto con la fundación Crear Vale la Pena (una ong que busca luchar contra la exclusión mediante el arte) y fue durante tres años docente de danza del programa de la Universidad de Buenos Aires en la cárcel de mujeres de Ezeiza, donde realizó un video danza documental programado en festivales nacionales e internacionales.

¿En qué están trabajando? ¿Cómo se organizan con los ensayos y las presentaciones?
Ahora estamos haciendo Saliva y Ritmo, con el poeta y escritor Mariano Blatt, una especie de encuentro entre amigos, con almuerzo libros, danza música y poesía. Me encanta este proyecto. Todo el tiempo leemos o nos vinculamos con poetas que invitamos a las funciones, es muy nutritivo y motivador. Estamos probando cosas nuevas, algunas inspiradas en nuestro trabajo en las cárceles. Yo creo mucho en el poder del cuerpo, del movimiento, bailar es una enorme oportunidad de transformar. Utilizo la danza para buscar un lenguaje y sentido, también para soltarlo todo y disfrutar del placer de bailar y de ver bailar. El movimiento es la médula del CAD. Los ensayos  son cada semana y van pasando por etapas diferentes, depende de los trabajos que tengamos. Las funciones las pensamos cada vez, según el espacio o pensando en el público al que vamos a llegar. Somos como una banda de música, tenemos canciones, vamos estrenando nuevas. No tenemos obras, tenemos formatos que mutan, eso es muy entretenido y nos permite bailar en cualquier parte, muchos o pocos, nos adaptamos. Eso si, me encantaría tener un espacio, poder entrenar y ensayar mas. Pero nos adaptamos a lo posible. También nos encantaría tener una escuela, nuestro semillero. Los niños son nuestro mejor público.

¿Qué te atrae del hip hop y el folklore?
El hip hop me encanta. Su origen de suburbio, su transmisión, su experimentación. Me gusta la pertenencia que sienten los pibes que lo bailan, son como una tribu mundial. Se acompañan, se amparan. No me gustan tanto las competencias, me parece que es donde se aleja del arte y se vuelve todo mas deportivo, pero eso es parte de su cultura. Está en todas partes. Los niños se identifican y ponen el cuerpo en acción con todo lo que eso significa, por que ven bailar. Creo que es una herramienta para hacer muchos cambios culturales. Solo hace falta decisión política y se podrían hacer muchas cosas con la complicidad de este lenguaje. Muchas ya suceden. El folclore es hermoso, es mi infancia y mi familia. Y en muchas cosas se parece mucho al hip hop. Yo bailaba danza clásica, española, folclore, de chica en estudios de barrio. Luego encontré la danza contemporánea, que es mi vida. Viajando, a finales de los 80 conocí el hip hop y me estalló la cabeza. En Crear vale la pena, conocí hiphoperos locales, los primeros que llegaron a mi vida y nunca más los solté. Ya no sé cómo hacer cosas si no es con gente muy variada y real.

 

¿Sentís que la danza contemporánea es un lugar menos hostil con las mujeres que otras danzas como la clásica?
Depende, creo que se reflexiona más y eso es bueno. Igual, cada lugar, cada coreógrafo o director, cada docente puede o no hacerle honor al género o atacarlo, por mandato, por prejuicio. Todavía hay quienes buscan estereotipos de cuerpos, que piensan que las que bailan contemporáneo son las que no pudieron con las puntas. Las batallas que estamos dando las mujeres, las estamos dando en todas partes.

¿Qué representa bailar para una sociedad? ¿Una forma festiva de exorcizar dolores?
Para mi es central, es lo que hago, lo que soy. Sin exagerar, bailar me salvó la vida. Y no solo a mí, conozco a muchos que encontraron un camino, algo nada sencillo si no tuviste muchas oportunidades. Depende dónde naciste accedes o no a casi todo. Hay bailarines increíbles, sensibles, hermosos en todas partes, ojalá todos puedan seguir bailando. Hay que dar batallas para crear contextos de oportunidad, por ellos y porque nos estamos perdiendo de mucho como sociedad siendo tan egoístas, elitistas, mediocres. Creo que eso pasa con muchas expresiones artísticas: la palabra, la música, dibujar, actuar, el arte es un camino para alejar lo que duele, lo que es insoportable. A veces si todo comienza con movimiento, con bailes y música suceden cosas que no pasarían de otra manera. Por ejemplo, en las cárceles de menores la conexión con los pibes es instantánea. El arte te permite decir lo que de otra manera no sabes cómo. James Brown bailaba a cambio de unas monedas.

Fuente: http://elespectacular.com.ar/combinado-argentino-de-danza-el-arte-de-la-inclusion/